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Entrevista al escritor René Ricardo de la Barra Saralegui
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Por Victoria García Acero – periodista
René Ricardo de la Barra Saralegui (1962, Valdivia, Chile) estudió Medicina en la Universidad Austral de Chile (Valdivia). En plena dictadura militar, forma parte de las Juventudes Socialistas, participando activamente en la recuperación democrática y en la creación de la revista de la Escuela de Medicina, que a su vez dirige. Una vez que se produce la vuelta a la democracia en Chile, deja de participar en política y se dedica por completo a la medicina. En 1994, retoma de lleno su actividad literaria, y es así como obtiene diversos premios literarios en novela, cuento y poesía.
El año 2001, se traslada a Buenos Aires, República Argentina, para cursar la especialidad de Psiquiatría, retornando a Chile el 2004. Ha publicado en las revistas Casa de las Américas, Insomnio, Palabras diversas, Punto de libro y Acantilados de papel, entre otras. Sus poemas y cuentos forman partes de antologías como “Recitario Nacional”, “Épica Batalla y otros cuentos breves”, “1000 poemas a Miguel Hernández”, etc.
Es autor de: “Barrió bullicioso” (cuentos), “La Bañera de Efraín” (cuentos fantásticos), “Lejanías” (poemas), “El pirata y la endemoniada” (novela) y “El Inconsciente Colectivo en la Mitología del Archipiélago de Chiloé” (estudio Monográfico).
V.G.A:: ¿Qué podría contarnos sobre su libro “El extraño hechizo de la noche” (Mundi Book Ediciones, 2014)?
R.R.B.S.: “El extraño hechizo de la noche” es un libro compuesto de trece cuentos breves, de ritmo ágil y de fácil lectura. Cierra un ciclo que inicié con “Barrio bullicioso”. El concepto, tras ambos libros, es la concisión, la eliminación de lo superfluo, el predominio de la historia y los personajes por sobre otras consideraciones. Relatos a los que ya no se les puede quitar nada y que se aproximan al lector reclamando su atención. “El mejor poeta del mundo”, el primer cuento del libro, narra una noche de tragos, que termina en un supuesto crimen, del que nadie sabe, pero del cual el personaje se siente oscuramente culpable; los recuerdos son inciertos, brumosos, y de a poco, el relato comienza a sugerir la inocencia del personaje, incluso cierta irrealidad de lo ocurrido, hasta que se encuentra con un bultito en el bolsillo, elemento central, que desencadena la cascada de imágenes que develan el crimen. En “El extraño hechizo de la noche”, cuento que da nombre al libro, dos voces, de un mismo personaje, sostienen un diálogo narrativo, recriminatorio y exculpatorio, acerca de una aventura extramarital. “La amante del flaco Mena” relata la trágica historia de una confusión, que lleva al personaje a enfrentarse a la muerte. “La pipa” es una historia breve, acerca de los desgraciados eventos que desembocan en un incendio, en el que muere una persona; tras éstos, se deja ver una historia soterrada y gris, que podría ser en realidad la causa de la desgracia. “El castigo” es la historia de un donjuán, de una mujer despechada, de una joven enamorada y de un crimen inevitable. “La mujer de César”, en un tono lúdico y sonriente, relata una noche de juerga en un prostíbulo de pueblo; la historia desemboca en un matrimonio de opereta, un remedo de ceremonia… perfectamente legal.
V.G.A: ¿Por qué eligió el relato “El extraño hechizo de la noche” para dar el título del libro?
R.R.B.S: La primera respuesta que se viene a mi mente es se debió a la musicalidad del título; existen nombres que tienen cierta musicalidad, que a menudo podrían ser parte de un poema, un verso, sin mayores inconvenientes; pienso en títulos como “La insoportable levedad del ser”, “Los cinco soles de México”, “¿Por quién doblan las campanas?”, que aún en la traducción conserva su musicalidad. Pero una respuesta como esa, sin ser falsa, es incompleta. El cuento “El Extraño hechizo de la noche” da nombre a todo el libro porque este relato corresponde a un punto de inflexión en mi actividad literaria; es un cuento que ya tiene muchos años, se remonta a fines de los ochenta o quizá a 1990. Por aquel tiempo ya había escrito una novela, “La lluvia y las horas”, que por su forma podría haber sido vista como experimental, en la medida en que se ensayaba el contrapunto, la multiplicidad de narradores y puntos de vista, el recate de las formas de escritura menor, en fin, cosas como esas, pero cuyo contenido, vale decir, las historias noveladas, la visón de mundo, se relacionaba demasiado, quizá, con un realismo visceral y contestatario, absolutamente comprensible, me parece, en la medida en que había sido escrita en las postrimerías de la dictadura pinochetista. Debo agregar que por aquel entonces, mis cuentos, eran mucho menos osados en lo formal y obedecían a una mirada crítica, a menudo demasiado politizada, de modo que pocos sobrevivieron a mis propias revisiones. Una vez que Chile retornó a la democracia, comprendí que la mayoría de aquellos escritos no tenían ningún valor, y ¡créanme!, pasé por una importante sequía creativa. En ese momento, comenzaron a dar vueltas en mi mente algunas historias, que posteriormente se convirtieron en relatos; uno de esas historias fue “El extraño hechizo de la noche”, y otra, “El castigo”, cuentos que se recogen el este libro; había un tercer relato, “¿Dónde andará la Clementina?”, que incluí en un libro previo, “Barrio bullicioso”. En torno a estos relatos, estructuré una nueva narrativa, abordando temas distintos y más variados; los demás relatos, son de este modo, tributarios del núcleo inicial, y éste es otro de los motivos por los que decidí que “El extraño hechizo de la noche” sería el nombre del libro. Sin embargo, he dejado para el final quizá el aspecto más lírico y lúdico de esta decisión: el hechizo de la noche de una ciudad que me enamoró: Concepción. En ella ambienté algunos relatos. Sería demasiado largo contar por qué y cómo me hechizó la ciudad; pero debo a ella sensaciones y atmósferas, que contribuyeron a la nueva orientación que le di a mi narrativa.
V.G.A: Sus relatos tienen un fuerte carácter realista. ¿Algunos de ellos están inspirados en hechos reales?
R.R.B.S: Pienso que quizá se deba a algunos personajes que pueblan los relatos, que uno puede conocer en cualquier calle o pueblo del sur de mi país, y quizá en otras latitudes (si esto ocurre, por cierto, me sentiré halagado). Hay historias o más bien, retazos de historias, sucesos terribles, que se inmiscuyen en varios relatos de este libro. “La conversación”, por ejemplo, se estructura en torno a hechos, que si bien no se recrean en el relato, le sirve de base y lo ambientan… Cosas como esas ocurrían. Otros relatos, como “La amante del flaco Mena”, arrancan de un hecho real, una anécdota menor, casi un chiste, que fui elaborando, procurando tensionar al máximo sus elementos, llevándolos al extremo. Hay otros cuentos, en cambio, como “El tren de las diez”, que son por completo ficción, cuya verosimilitud tiene que ver con el lenguaje, los personajes, etc., más que con el hecho que se cuenta.
El relato más reciente, sin embargo, “El mejor poeta del mundo”, es un cuento que arranca de un hecho autobiográfico. Precisamente un poeta, Clemente Riedemann, luego de leer uno de mis relatos (“La conversación”), me envió a hablar con uno de sus amigos, un narrador que había ganado algunos premios y prometía llegar a ser el mejor cuentista chileno. Recuerdo que el día que lo fui a visitar, leí uno de sus relatos, algo así como media página, y luego me invitó a salir: “ fuimos de bar en bar, bebiendo una caña de vino en cada uno. Yo pagaba, y él, cuando advertía mi presencia, me hablaba”. Eso fue verdad, la lluvia fue verdad, el resto, no, pero cosas así pueden ocurrir.
V.G.A: Los diálogos internos de los personajes están muy presentes en sus relatos. Al mismo tiempo, el narrador ofrece muchos detalles sobre las vivencias de los personajes. ¿Se inspiró en personas reales para crear a sus personales?
R.R.B.S: Es una pregunta interesante… me deja algunas dudas. En mis relatos, suelo usar narradores, por llamarlos de algún modo, precarios, en el sentido de que se encuentran muy lejos de la omnisciencia. Pero ahora que me lo menciona, no puedo sino reconocer que en varios relatos existen estos diálogos, incluso existen algunos pasajes que podrían acercarse a la llamada corriente de la conciencia, aunque en una variante estilizada, no tan cercana a Joyce. En “El extraño hechizo de la noche” el diálogo es innegable, incluso podría decirse que es el modo en que el relato está construido; pero pienso que el efecto se logra a partir del modo en que está escrito, dos narradores, uno en primera y el otro en segunda persona; durante todo el transcurso del cuento el narrador en segunda persona interpela al narrador en primera persona, siendo, ambos narradores la voz de un mismo personaje, por lo que el diálogo interno no sólo es inevitable sino que constituye la estructura del relato en sí; sin embargo, precisamente en este cuento, no pensé en nadie en particular a la hora de escribirlo.
V.G.A: ¿Sigue alguna rutina a la hora de escribir?
R.R.B.S: Mi primer impulso sería responder que no, quizá por el desprestigio en que ha caído la palabra rutina, con cierta connotación negativa, que se hermana con el tedio o al menos con lo forzado. Pero si nos referimos a si tengo algunos hábitos para escribir, debo responder que sí: en primer término, me aíslo, todos los viernes al mediodía viejo al campo y me encierro en una cabaña durante todo el fin de semana, solo, sin horarios, a escribir. Esto es algo que mi familia respeta e incluso fomenta; creo que es una de las ventajas que se logran cuando los hijos crecen. Escucho rock, según el ánimo del momento, o no escucho nada. Tomo mucha Coca-Cola. Procuro leer en la mañana, escribir por las tardes, o corregir… Intento no trasnochar, pero a veces ocurre, en especial si se me ha ocurrido algo por completo nuevo. Lo habitual es que me duerma temprano, no más allá de las once, y que lea un poco antes de dormir.
V.G.A: Cada relato que forma parte de “El extraño hechizo de la noche” podría ser tema para una novela. ¿Ha tomado en cuenta esta opción?
R.R.B.S: Es posible que así sea, pero no lo veo tan claro, al menos no cada uno de los relatos; algunos sí, pero no todos. Es más, hay algunos relatos que vienen de novelas, como “El padre” o “La mujer de César”, que inicialmente eran parte de una novela, que aún no termino de estructurar, pero en la cual ya no tienen cabida. Cuando los leí, separados del cuerpo de la novela, me pareció que se sostenían por sí mismos, y que solo había que realizar algunos cambios para convertirlos en cuentos. “La conversación” viene de otra novela, “La lluvia y las horas”, un capítulo escrito para explicar la aparición en escena de uno de los personajes, pero que luego, al releer la novela, se hizo evidente que era innecesario. Lo dejé de lado durante varios años y luego lo reescribí, corrigiendo algunos alardes técnicos en el manejo del tiempo, pues me pareció que podían confundir al lector. Repasando varias de las escenas de ese relato he llegado a esbozar en mi mente una novela breve, lo que me llevaría a responder en forma afirmativa a su pregunta. Otro de los relatos que me han llevado a pensar en la posibilidad de novelarlo es “El Castigo”; hay varias historias en él, que solo se insinúan y quedan en estado embrionario; está dividido en capítulos breves, lo que facilita las cuestiones de forma, pero sobre todo, influye el hecho de que es un relato que corregí muchas veces, de modo que llegué a conocer bastante bien a sus personajes y se me ocurrieron variantes que podrían haber llenado decenas de páginas.
V.G.A: ¿Qué expectativas tiene con el libro?
R.R.B.S: Que se lea. Es lo primero que quiere un autor. De otro modo, escribir pierde gran parte de su sentido. Para mí es aún más importantes que las ventas. Con mi anterior libro “Barrio bullicioso”, tuve una experiencia contradictoria: en su lanzamiento se vendieron todos los ejemplares que tenía en mi poder, y sé, porque algunas de las personas que lo compraron están dentro de mi círculos de conocidos, que al menos uno de aquellos compradores, no leyó el libro, y en cambio, algunos de los libros que obsequié, han sido leídos por hasta treinta personas más, aparte del destinatario.
V.G.A: ¿Qué proyectos tiene?
R.R.B.S: Varios. El más avanzados, la edición en España de otro de mis libros, “La bañera de Efraín”, cuyo lanzamiento debería realizarse más o menos al mismo tiempo que “El extraño hechizo de la noche”. Se trata de un volumen de cuentos fantásticos, es decir, cuentos cuyos argumentos se encuentran fuera de realidad y que no tienen ninguna pretensión de verosimilitud, y por lo mismo, un libro absolutamente distinto de “El extraño hechizo de la noche”. Es otra de mis vertientes, que lo acerca a una novela breve que terminé hace ya un año, “El pirata y la endemoniada”, más cercana ésta al realismo mágico; forma parte de un proyecto mayor, un trilogía de novelas breves, compuestas por “Los árboles no dejan ver el mar” y “El pirata del callejón Chorrillos” (nombre aún provisional), que se encuentran recién en etapa de borrador, es decir, incompletas, con algunos capítulos escritos, y otros, apenas esbozados.
También he pensado que más adelante podría re-editar Barrio bullicioso.
V.G.A: ¿Está trabajando usted en algún libro actualmente?
R.R.B.S: En forma sistemática, en dos: un libro llamado “Cuentos inmorales”, tributario, en cierta forma, del realismo sucio, por un lado, y por otro, de la novela psicológica. Cada uno de los relatos cuenta la historia de un perverso; algunos de ellos son desviados sexuales, pero no todos (el concepto de perverso es más amplio). Están narrados casi todos en primera persona, recurriendo, en partes, a la corriente de la conciencia, a sus reflexiones y creencias, para darle mayor verosimilitud a los relatos. En uno de los cuentos, sin embargo, utilizo un narrador testigo, que es la voz de una mujer perversa, que cuenta los avatares de un pervertido fracasado. Este libro está casi terminado y ya se empina por las ciento cuarenta páginas; tengo pensado un par de relatos más, y estará listo.
El otro libro en el cual estoy trabajando actualmente es “El laberinto de tu nombre”, una novela extensa, en la que retomo la experimentación formal. Se basa en una novelita erótica que escribí por los noventa, cien o ciento dos páginas, y que luego olvidé durante un par de décadas. A principios del 2013 decidí comenzar a corregirla; al principio me dediqué a cuestiones de estilo, pero a medida que avanzaba, sentí que los personajes me pedían vida. El resultado, una novela que dejó de ser erótica, no porque expurgara esos elementos, sino porque fue creciendo, incorporando otros temas, enriqueciéndose, hasta el punto de que me he preguntado si en verdad alguna vez fue una novela erótica. De las cinco partes que ahora la conforman, ya he escrito cuatro. Luego habrá que corregir, depurar, completar, cambiar, en fin… un año más, quizá. Es un proyecto ambicioso, el más ambicioso que he abordado hasta ahora.
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