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Silvia Echandi: El color del paraìso perdido
Juan Zapater – crítico de arte, periodista y director de la revista “ARTICO”
Silvia Echandi Ercila estudió en Artes y Oficios en Pamplona y en el taller de Mariano Royo a lo largo de la mitad de los 70. En 1981 realiza su primer exposición individual y desde entonces, con mayor o menor cadencia, viene protagonizando muestras individuales y participando en exposiciones colectivas en una extensa relación que van desde ciudades como La Coruna a Madrid, de Vitoria a Jaén .
Integrante del Colectivo Mongoerti, Silvia ha entrenado su proyección pictórica con una actitud de permanente formación recibida de pintores como Guibert , Oses , Morras y Elorz así como el aprendizaje de técnicas que van desde la restauración al moldado, en los últimos anos , tras la desaparición de Mongoerti , grupo de autores surgido en el taller de Mariano Royo , Silvia Echandi mantiene su propio estilo .
La pintura de Silvia Echandi no entiende de convenciones ni decorativismo, no se sujeta a ortodoxia alguna. Se nutre de una actitud que conserva intacta la llamada del sentimentalismo y en cada lienzo, en cada obra, va dejando jirones de si misma en un proceso vital que ha evolucionado desde aquellos cuadros de estilo naif, de homenajes a Rosseau , de abrazos a Chagall, hasta desembocar en una orga personal llena de resonancias poliédricas .
Silvia Echadi se ha empeñado en no traicionarse a si misma, camino que solo lleva ha un único lugar posible – la soledad. Y desde ella, un lugar, que en su caso se reviste de la frondosidad de la naturaleza, un rincón que resuma reflejos del paraíso perdido, Silvia reescribe la historia. Y en este empeño, vierte en cada cuadro fragmentos de si misma, mixtura de visiones entre lo que desea y lo que olvida, historia inconclusa en las que la vida grita, la sensualidad impera y la naturaleza significa.
Silvia Echandi ha trabajado con gentes como Mariano Royo, como Pedro Oses, como Xavier morras y su técnica aparece preñada de eclecticismos, de recursos múltiples, de pasiones desbocadas que a la hora de abrir cada nueva ventana se sirve de cuanto encuentra en el fondo a sus sueños. En sus cuadros, el espectador asiste a una descarga cromática plena de narratividad con la que la autora, como si de una Sheherezade se tratara, va construyendo un retablo de pequeñas historias. En ellas la alegoría es patente, los colores desgarrados, la materia pictórica –tanto tradicional como inventada – habla y los referentes estilísticos resultan tan múltiples como heterogéneos.Porque en la escritura de esta mujer lo sintético no oculta el proceso dialéctico de su pintura.
Estridencias y matices, serenidad y tensión, vida y muerte, se entremezclan de forma indisoluble. Tal vez por ello, sus pinturas provocan un cierto desconcierto, una inquietud que obliga a mirar al fondo de cada cuadro para comprender que en ellos anida el peso de la nostalgia por un mundo perdido. Espacio y tiempo que ella reinventa hurgando en el interior de ese bosque en el que la metáfora y el arabesco establecen un resbaladizo juego de apariencias.
SILVIA ECHANDI Y SU BOSQUE DE PINCELES
Tarsila G. López – crítico de arte
Para algunos la pintura es un alarde de poderío técnico y un símbolo de adaptabilidad al momento actual, por eso puede ser difícil entender a quien se empeñe en quedarse en ese espacio de los profundos sueños y deseos, y que utilice sus conocimientos para pintarnos pequeños mundos de luz y color, relatos íntimos del paraíso.
Prueba mil medios, técnicas diversas que están al servicio de lo contado y no al revés, y nos traslada a un lugar donde no hay miedo a sentir, donde los colores intensos se permiten existir, escapando de la prisión gris y ocre en la que quieren encerrarnos, y así ella nos va desgranando poco a poco el recital inagotable de sus personajes fantásticos.
Se trata de un trabajo de amor, de amor intenso y absolutamente incansable a los pigmentos, a pringarse para poder limpiar el mundo con sus imágenes pulidas, mimadas, que se entregan a la mirada del espectador .
Sobre su pintura
Santiago Echandi – crítico de arte
Desde su comienzo, la Vanguardia clásica tuvo como objetivo principal acabar con un sistema de verdad artística que se denominaba “tradición clásica” y que no era sino legitimación burguesa. Pero la Bestia se ha regenerado en un cadáver. Porque el resultado de la batalla tiene bastante fracaso; la herencia oficial de esa Vanguardia es la legitimación de un nuevo sistema de verificación de que es el Arte de Babilonia, un sistema que se ampara en un intelectualismo al que caracteriza una palabrería que, en bastantes casos, es mas atosigante y hueca que la del academicismo mas decimonónico.
Y se ampara, sobre todo, en un desaforado mercantilismo en el que los capitales feos se recubren de colorines. ¿Dónde se sitúa la locura? ¿En el pobre Van Gogh , “suicidado por la sociedad” , o en ese “estado social” en el que dos de sus cuadros tienen los precios màs elevados de todos los tiempos .
Desde entonces y hasta nuestros días, el arte popular (popular, no “pop” o “en voga”) ha ido revelando una vitalidad que, en tantos casos, parece ser la autentica realización de los propósitos estéticos – y políticos- de las vanguardias. Vitalidad y variedad : arte naif , arte bruto de locos , criminales , parias, vagabundos o “raros”, comic, graffiti, de todas las especies, muralismo político y psicodélico, arte como juego privado (lo que antes se decía “de dominguero”), e, incluso a pesar del abuso de una iconografía beata y mongoloide ), las tizas de una subsistencia urbana y rebelde …
Motivaciones que se revelan en tal variedad: el deseo de representar el imperio personal de los sueños, y el sueno de la libertad que es hacer algo propio cuando la vida cotidiana es de lluvia gris y prensa amarilla, y el darle un corte de mangas a lo que los doctos de cada “bienal” exclusivizan como arte , y… crean el bruto.
En este actual lado secreto del arte se sitúa la obra de Silvia Echandi Ercila; motivación principal que hay en estos cuadros es la voluntad personal de pintar, de pintar inmune al desaliento de lo cotidiano grosero y de los “gustos modernos”, de pintar e invocar en sueños de la memoria, de la imaginación mágica y del deseo de los mundos con mas colores.















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