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Javier Romero, un artista español que empezó la conquista de Nueva York

Magdalena Baltasar

Javier Romero es artista, comisario y crítico de arte español. Igual que Dalí o Marcel Duchamp, decidió continuar su carera artística en Nueva York, la gran ciudad de la cultura. Javier Romero aceptó el desafío de recorrer un camino duro, pero imprescindible para las personas que viven en la dimensión del arte. Desde hace tres años, Javier Romero vive y trabaja en Nueva York. El artista aceptó a compartir con nosotros su experiencia en la ciudad norteamericana.

¿Por qué decidió continuar su carrera artística en la ciudad estadounidense?

Viví en esta ciudad durante dos años a comienzos de los noventa y me unen muchos vínculos personales y profesionales tras mi paso por la Frick Art Reference Library y el MOMA. En 1994 inicié mi propio trabajo artístico paralelamente a mi trayectoria como comisario y crítico de arte, pero no siempre ha sido fácil encontrar el tiempo suficiente para todo ello. Con el proposito de dedicarme más plenamente a mi obra, y tras casi ocho años como coordinador de exposiciones de la Universidad de Alicante, consideré que era el momento oportuno de volver a Nueva York.
¿Existen diferencias entre la vida cultural de España y la de Nueva York?
Es verdad que Nueva York tiene una energía única y una vida cultural casi apabullante. Aunque afortunadamente las infraestructuras culturales en España se han incrementado de manera significativa en los pasados años, muy a menudo las instituciones culturales españolas precisan programas de trabajo más definidos y coherentes, más libertad por parte de los políticos para desarrollarlos, más profesionales de la cultura en los equipos técnicos y un mayor presupuesto. Con la crisis aún golpeando fuerte, esto último parece en la actualidad casi imposible, pero ello no debiera ser impedimento para todo lo demás. Las instituciones norteamericanas apenas reciben ayuda gubernamental y la fuente de financiación es fundamentalmente privada. Es un grave hándicap, pero esta circunstancia ha dado lugar a que la iniciativa privada se convierta en motor de la vida cultural y a que sean muchas las organizaciones culturales sin ánimo de lucro que hay en Nueva York desarrollando una labor importantísima. Todas ellas, junto a su potente industria cultural y a la excepcional multiculturalidad de la ciudad, contribuyen para crear esta energía singular que tiene Nueva York. Mi percepción es que aquí no se padece tanto como en España del síndrome del político que también quiere ser gestor cultural, ni del gestor cultural que quiere perpetuarse en su puesto.
¿Fue difícil para usted adaptarse a un nuevo estilo de vida?
Mi conocimiento de la ciudad y del modo de vida neoyorquino (que no del americano, porque Nueva York es una especie de isla en el resto del país) facilitaron ese tránsito, así como las muchas personas del mundo del arte que conozco aquí. Nueva York es la más europea de las ciudades norteamericanas y el mito de que es una ciudad donde resulta imposible vivir es falso. Lógicamente, como en cualquier gran ciudad, no todos son ventajas, pero su carácter cosmopolita y abierto y su oferta artística tan enorme y al día son en mi caso algunos de sus mayores atractivos.
¿Tiene relación con otros artistas españoles que viven en Nueva York? ¿Se puede hablar de una comunidad de artistas españoles en Nueva York?
Aunque son varios los artistas españoles viviendo y trabajando aquí no existe una comunidad de artistas españoles como tal. Nos vemos todo lo que el tiempo nos permite. Es probable que estemos demasiado centrados en nuestro propio trabajo, pero aún así nos encontramos también en inauguraciones y actos culturales, e intercambiamos visitas de estudio. El mío se encuentra en la Elizabeth Foundation for the Arts (EFA), donde tiene igualmente su estudio el artista Carlos Vega, con quien mantengo una estrecha amistad. Otros artistas españoles vienen por un periodo de tiempo no tan prolongado para proyectos concretos y es otra oportunidad de encuentro.
¿Este gran cambio que dio en su vida, ha influenciado su personalidad o se ha reflejado de alguna manera en su obra?
Dejar atrás los afectos produce un cierto sentimiento de pérdida que te obliga a reflexionar sobre los mismos. En mi obra siempre ha habido un trabajo introspectivo e íntimo sobre cuestiones como la memoria, el tiempo o la familia, y creo que en estos tres últimos años, en parte debido a estas circunstancias personales, he profundizado en esa línea de investigación. Pero ha abierto también otras. Por ejemplo, llevo ya tiempo fascinado con las iglesias en Nueva York, que son incontables y muy singulares no solo arquitectónicamente sino por los programas sociales que desarrollan en su comunidad. Este es el asunto de mi más reciente proyecto fotográfico, que me ha llevado de “peregrinaje” por toda la ciudad para trazar un paisaje de lo mundano en estos lugares de culto. Este conjunto de obra puede situarse en contraposición con el resto de mi trabajo, pero existe la misma búsqueda de lo esencial.
El pasado familiar fue el tema de su última exposición Obra reciente. ¿Por qué eligió este tema?
Probablemente para ahuyentar a los fantasmas que a todos nos persiguen cuando se trata de asuntos de familia, o quizás como un intento de seguir agarrándome a ellos. Acaban siendo una compañía traicioneramente reconfortante. Durante un tiempo barajé el titulo “El relámpago mudo” para esta exposición, con el fin de establecer una metáfora entre las imágenes que configuraban esas obras y la manera en que los recuerdos se presentan en ocasiones: como un rayo de luz repentino iluminando un recóndito lugar de nuestro memoria, a modo de golpe unas veces o de tímida caricia otras.
¿Cómo representarías Nueva York en una sola imagen?
Esa es una pregunta difícil. Son muchas y todas ellas configuran un caleidoscopio del complejo entramado interracial que existe en Nueva York, más que en ningún otro lugar del mundo. Aquí confluye todo o casi todo.
¿Es difícil para un artista exponer en las galerías de Nueva York?
Es muy complicado porque pese a la gran cantidad de galerías que existen son muchísimos los artistas de todo el mundo persiguiendo ese mismo objetivo. Y aunque quizás sea donde mayor número de oportunidades existen, la competencia es enorme. Esa dificultad se ha incrementado con la crisis. Aunque parece que lo peor ha pasado, ésta todavía sigue muy presente.
¿En qué manera se ha visto afectado por la crisis el mundo del arte?
El mundo del arte se ha visto profundamente afectado por la crisis, tanto en Europa como en Estados Unidos. Casi nadie dentro del mismo ha salido ileso. Los presupuestos de las instituciones son menores, lo que está obligando a nuevos modelo de gestión y programación, y, lamentablemente en muchos casos, a reducciones notables de personal (basta recordar que el Metropolitan Museum de Nueva York ha despedido en estos dos últimos años a un número aproximado de trescientas cincuenta personas). Y lo mismo podemos decir del impacto de las crisis en las galerías pese a los recientes signos de recuperación. Atrás han quedado los tiempos en que se vendía todo, especialmente en las galerías neoyorquinas. La apuesta constante que muchas de ellas estaban realizando por jóvenes artistas o artistas emergentes ha quedado aparcada. En estos momentos la preocupación mayor sigue siendo salvar el temporal. Con todo, un número menor de galerías del que cabría imaginar ha cerrado en Nueva York. La situación en España es aún más complicada; ahí están los casos de galerías emblemáticas de Madrid y Valencia que están cerrando.

¿Cómo trascurre su vida profesional?
El trabajo en el estudio es el centro de esa vida, pero se alimenta de una agenda artística muy rica y enriquecedora para la propia obra. Son incontables las exposiciones que visito, tanto en Nueva York como en otras ciudades norteamericanas, y el intercambio de ideas con otros artistas y comisarios es continuo. También viajo de forma frecuente fuera de los Estados Unidos, contactando con responsables de instituciones y artistas.
¿Qué proyectos tiene? ¿Cuál es su siguiente exposición?
En lo más inmediato, estoy inmerso en nueva obra pictórica y escultórica para los Open Studios en EFA y una próxima exposición colectiva. También estoy trabajando en el proyecto fotográfico de las iglesias, cuyo título es “Love is the god”, un guiño irónico al tan manido “God is love”, y confío en poder mostrarlo pronto. En conversaciones todavía se hallan otras exposiciones. Paralelamente, preparo un proyecto de comisariado con el objetivo de mostrar el trabajo de artistas españoles en Nueva York. Mi deseo es que sea fruto de la colaboración entre varias instituciones para mostrar a su vez en España a artistas norteamericanos menos conocidos. Son pocos los artistas españoles que han expuesto de forma continuada en Nueva York, y ésta es una de las causas principales del gran desconocimiento que existe del arte español más reciente fuera de nuestro país.
Breve biografía de Javier Romero
Artista, comisario y crítico de arte nacido en Alicante (1962). Tras su vinculación profesional con la Agencia Española de Cooperación Internacional (Madrid), The Frick Art Reference Library de Nueva York o el Museo de la Universidad de Alicante, como comisario y coordinador de exposiciones, en la actualidad reside y trabaja en Nueva York.
Su CV también incluye un internship en MOMA (Museum of Modern Art, NY) o la impartición del curso “Historia del Arte” en el Council on International Education Exchange (Universidad Alicante).

La galería Evelyn Botella (Madrid) representa su obra.

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