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Amar durante 80.174 años – El erotismo en un futuro distante
Mar Suarez
Hoy en día, nuestro planeta Tierra está amenazado con la desaparición, los cambios climáticos anuncian cataclismos en que no creemos, nuestro Sol pronto morirá. ¿Y nosotros? ¿Tú y yo, tomados de la mano, a donde vamos?
La solución de la joven artista Roxana Ghita es el amor, con toda su carga erótica y con toda su humanidad carnal. Sorprendentemente, ella no busca soluciones utópicas ni habla de pedantes amores platónicos, espirituales y con una supuesta energía “más sutil”. No habla de almas ni de oraciones. Las rodillas se doblan sólo en frente del cuerpo de la amada. No hay dioses ni figuras espiritualizadas, sublimadas, el único espíritu que en que ella confía es la seducción del erotismo que vincula el hombre a su mujer. Cuando se ama, dicen sus fotografías, nada está lejos, ni siquiera una estrella que se encuentra a años luz. Y por muy extraño que nos parezca, allí está nuestro futuro, nos dicen todos los científicos.
La fotógrafa Roxana Ghita ofrece su peculiar visión sobre el fin del planeta Tierra y la salvación de la humanidad con su serie de trabajos intitulada “Midnight Erotica – El Sobrevivir de los mitos” que une la fotografía al arte digital.
Si al leer el título la palabra “erótica” os llama la atención y esperáis fotografías de desnudos y poses ridículas que la sociedad ha definido como “eróticas” sería mejor que olvidéis todo lo que habéis aprendido sobre el erotismo. Las fotografías de Roxana Ghita son de lo más erótico que he visto pero sin tener nada de sexualmente explícito.
Para Roxana, el erotismo es energía, esa carga energética que todos sentimos, que nos atrae uno hacia el otro con la fuerza de un imán, esa gran potencia invisible que crea campos de partículas chispeantes entre dos personas que se aman, la corriente eléctrica del amor.
Este proyecto artístico se plantea preguntas y se imagina respuestas acerca de nuestra naturaleza sexual. En los días de hoy en que la ciencia-ficción, con cada semana que pasa, ya deja de ser ficción, la artista indaga sobre nuestro futuro como seres humanos.
Cada fotografía hace una pregunta y ofrece una visión. Con cada una de ellas, nuestros ojos alucinados contemplan la queda de la religión, el futuro de la creación artística, el sobrevivir de la sexualidad, de las artes, la muerte y la vida eterna.
No se trata de una fantasía infantil, los detalles de las fotografías muestran casi siempre una constante: las descubiertas científicas que están por venir, el universo y nuestro futuro galáctico. La artista se imagina un mundo post-apocalíptico donde quedan fragmentos de nuestro pasado tal como lo conocemos hoy: algún icono cristiano, algún libro, algún cuadro. Vestigios de una era que ya no existe, fragmentos arqueológicos que los dos humanos, él y ella, aún conservan en el planeta distante y extraño que es ahora su hogar.
La visión futurista es, sin embargo, profundamente religiosa, en el sentido de que, después de las tormentas cósmicas y las explosiones estelares, el único universo que queda está habitado, tal como en la historia bíblica por sólo una pareja, Adán y Eva de un nuevo renacer de la humanidad.
Al recorrer las fotografías observamos a esta pareja que, a través de una fuerte ligación mental y física, resiste a todos los desastres, se busca durante miles de años, se toca y se abraza con desesperación, hasta llegar a encadenarse juntos, sombre los escombros del mundo. Sentimos bajo sus pies y sus piernas abrazadas el frío de los huesos de los desaparecidos, el terror de la muerte, el polvo ya cristalizado en rocas de lo que fueron nuestras ciudades y nuestros sueños.
Cada fotografía está realizada en una técnica diferente, la cromática también muda en función de lo que la artista quiere expresar. Estamos acostumbrados a ver series de fotografías o exposiciones enteras unidas casi totalmente bajo el mismo color o técnica pero Roxana bebe de la fuente de la vida, y, tal como acontece en la vida, las sensaciones, colores y sentimientos mudan, están en constante movimiento e interacción.
La inspiración parece más bien cinematográfica, tal vez por el matiz de la ciencia – ficción y me hace recordar algunas películas del género.
Aunque las fotografías muestren técnicas y colores distintos están unificadas por la presencia de la misma pareja, lo que aumenta la sensación de estar a ver una película. Está claro, y esto se puede ver muy bien en el video sobre las fotografías que se puede visionar en Youtube, que la artista ha buscado acercarse al cine también por haber elegido contar la historia de una pareja. Las fotografías tienen una raíz épica, cuentan una historia sobre dos personas y pueden hasta llamarse “episodios”.
Alguna vez os habéis planteando ¿cómo los humanos se relacionarían en el futuro, en 5 – 10 mil años? ¿En 80 mil años? ¿Existiremos como hombres y mujeres? ¿Aún nos amaremos? ¿Morirá el sexo y la ternura? ¿Aún seremos románticos o religiosos? La artista se plantea todas estas preguntas y llega a una respuesta clara: sí, la energía que dos personas emiten cuando se aman, el universo íntimo que crean mediante sus fuertes sentimientos, eso a que llamamos “atracción” pero no sólo física sino que también mental, podrá sobrevivir y podrá guiarnos, a través de los sueños y las pesadillas, de las ruinas y de los temores, hasta un nuevo mundo.
La última fotografía de la serie se llama “Energía erótica” y creo que es la llave para el entender de esta extraña aventura cósmica y erótica. Hay pocos elementos: un fondo cósmico oscuro, los dos cuerpos, el vestigio de un ícono y unos rayos o chispas de energía que van desde un fascículo luminoso hacia una estrella. El hombre, de rodillas, aún guarda las cadenas terrenales de hierro que lo unen al cuerpo de la mujer, pero los dos parecen iluminados, su piel es resplandeciente, parece compuesta de partículas de luz. ¿Habrán llegado ya a otra forma física? Arriba, en la misma posición que los cuerpos, están los rayos de los fascículos luminosos y no puedo dejar de pensar en lo que significan estos rayos. ¿Será la huella física del amor erótico entre el hombre y la mujer? ¿Será una nueva forma de comunicación mental, energética entre ellos? ¿Será el erotismo la cadena real que los une (y no esa de hierro que enlaza sus piernas) y que aún echa chispas? Suspensos, solos, en un planeta distante, los dos aún conservan el recuerdo del mundo del que salieron. El año es 80.174 y en el universo sólo existen ellos, su amor que ha sobrevivido durante miles de años y las estrellas.
El viaje galáctico de la humanidad, lejos de haber acabado, está sólo por empezar. Después de haber sobrevivido la desaparición del mundo y después de haber vencido la muerte, la humanidad está frente a un nuevo reto: la eternidad. Pero esa ya es otra historia.
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